viernes, 2 de junio de 2017

CUENTO MAURICIO HUELE A ZORRILLO

CUENTO: MAURICIO HUELE A ZORRILLO


Mauricio es uno de mis compañeros de curso. No es que sea mala persona. Sin embargo, no quiero que me pongan a trabajar en el grupo de sociales con él.
-En grupos de cinco, recuerden- dijo Edgar, el profesor-.Como son treinta, deben quedar seis grupos completos. Ni uno más ni uno menos. Yo siempre me la paso con Sandra, Camilo y Álvaro. Cuando nos toca hacer trabajos en grupo, también los hacemos juntos. Lo malo es que somos sólo cuatro y el único compañero que siempre se queda sin grupo es Mauricio. -Profesor, no nos haga eso. Mire nosotros cumplimos con todo entre los cuatro-le dijo Álvaro al profesor cuando vio que Mauricio venia a sentarse a nuestro lado. -A ver ¿por qué no quieren trabajar con Mauricio?-Preguntó Edgar-.

 -Es que él es muy sucio-comentó Sandra-. -Y hasta huele a feo – agregó Camilo-. - Si, pero… no es mala persona – dije yo tratando de defenderlo. Mauricio estaba a punto de llorar. Casi nunca hablaba con nadie y también sufría cuando teníamos que hacer actividades en grupo. -Mauricio, ¿escuchas lo que están diciendo tus compañeros?- dijo Edgar mirándolo que ahora sí estaba llorando-.Es más, ve a la oficina de la coordinación de disciplina y pide que me manden el observador del curso. Ya te hemos llamado muchas veces la atención por tu presentación personal. Tu descuido es una falta al manual de convivencia del colegio- agregó molesto el profesor-.

-Pero profesor- dijo Mauricio, tratando de decir algo-. -Mauricio, nada...! Obedece y trae el observador- enfatizó Edgar-. Mauricio salió llorando y volvió al rato con el observador en las manos. Sin embargo, Edgar decidió esperar hasta el final de la clase para escribir su observación. Cuando salimos a descanso, Edgar le pidió a Mauricio que se quedara: -Cuéntame, Mauricio, ¿por qué vienes tal mal arreglado al colegio? -Lo que pasa es que a mí me encantan los animales y arreglar el jardín de la casa. Cuando salgo del colegio, me voy al parque y juego con los perros. A veces me acompaña mi hermano. 

Nos divertimos mucho, pero, cuando le digo a mi mamá que mis uniformes están para lavar, me responde que no tiene tiempo para tantas cosas que yo le pido – contesto Mauricio -.que al tiempo tenía lleno de lágrimas los ojos otra vez. -Pero fíjate, atenta contra tu buena salud. Además, ya ha provocado que tus compañeros no quieran trabajar contigo- respondió Edgar-. Tengo que pedirle a tu mamá que venga a hablar conmigo- añadió el profesor y le entregó una nota a Mauricio. Por ese momento todo quedó así. Mauricio salió al recreo y como siempre, se sentó solo y alejado del resto de los compañeros, hasta que Santiago, otro niño del curso, se acercó para burlarse de él. -Mauricio es un zorrillo, Mauricio es un zorrillo…!- le gritaba a poca distancia. -Si me sigues molestando, ¡vas a ver lo que te pasa ¡ -respondió Mauricio, quien, además, era más grande que Santiago y se había levantado para asustarlo. -Esa tarde le conté a mi mamá lo que pasó en el colegio. -¿Ves por qué te insisto tanto en la importancia de estar siempre limpia? –me dijo ella-. Sin embargo, eso no justifica la forma como están tratando tú y tus compañeros a Mauricio – agregó. -Tienes razón. Aunque no he hecho nada para agredirlo, tampoco siento que lo haya ayudado – fue lo único que puede decir-.

Al día siguiente, llegó Mauricio con su mamá que traía buena cara. Me los encontré a la entrada del colegio. Como me sentía mal por lo sucedido el di anterior, decidí hablarle: -¿Cómo estás? – le pregunté-. -¡A ti qué te importa Mariana! – fue lo único que me respondió Mauricio-. -Su respuesta me dolió, pero entendí que tenía razones para estar molesto con todos nosotros. -Un rato después entro al salón. Ya se habían reunido él, su mamá y Edgar. Ahora su cara era un poco más amable. - Es bueno que hablemos de lo que ha pasado entre ayer y hoy- nos dijo Edgar-. Luego agregó-.El grupo ha tratado mal a Mauricio por su descuido en el aseo personal. Sin embargo, al hablar con él y con su madre, vimos que el problema era un poco más complejo. -Mi mamá ha tenido muchos problemas últimamente- dijo Mauricio, que había aceptado contarle lo que pasaba a sus compañeros. Luego añadió: -Sin embargo, no era justo que se estuviera desquitando conmigo. -Hemos hablado los tres por un rato y llegamos a la conclusión de que, a pesar de los problemas que hay en la casa de Mauricio, lo adecuado no es que todos peleen con todos-completó Edgar. 

-Sí. Al hablar, nos dimos cuenta, que yo no estaba siendo de mucha ayuda, si mi mamá no estaba pendiente de mí, yo no me bañaba ni me cambiaba de ropa- dijo Mauricio-.No me había dado cuente de lo difícil que le toca por estar ella sola a cargo de mí y de mí hermano. -Pero ella también se dio cuenta de que estaba cometiendo errores. Descuidó demasiado a Mauricio y a su hermano. No cumplió con su deber de cuidar a sus hijos y darles buen trato –comento Edgar. -Pero creo que hoy lo entendió. De ahora en adelante, las cosas van a estar mejor en mi casa y también aquí –nos comentó Mauricio con una sonrisa se esperanza. Antes, ninguno de nosotros se había puesto en el lugar de Mauricio. Ahora que nos enteramos de todo lo que le estaba pasando, nos sentimos muy mal.


-Quiero pedirte disculpas en nombre de todos. No estuvo bien lo que hicimos-dije yo. -Si, no hemos debido burlarnos de ti- dijo Santiago. -Pero yo tampoco debí amenazarlos aprovechando que soy más grande-dijo Mauricio. De todo, lo bueno es lo que aprendimos: cuando hay problemas, debemos hablar y buscar soluciones. Con agredirnos no ganamos nada. A partir de ese día, Mauricio ya vino bien aseado y así pudimos jugar con él. ¿Saben 

Es mejor persona de lo que creía? Ahora es uno de mis mejores amigos.

5 comentarios:

  1. Qué chévere está el cuento
    Me encantó tengo ganas de conocer al escritor estoy amando mucho este cuento

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  2. Amo amo el que envió este cuento pero lo amo

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  3. Super, la verdad nunca vamos más allá de lo que vemos y por eso muchas veces herimos a las personas con palabras, que buena enseñanza.

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    1. Siempre mi ramos los defectos y no nos ponemos en los zapatos del otro

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